Absher, la aplicación que controla los viajes de las mujeres saudíes

[Publicado originalmente en ‘Diario de Sevilla’]

Mujeres saudíes con velos

La app, diseñada por el Gobierno saudí, está disponible en las tiendas de Google y Apple.

Permite a sus usuarios autorizar o denegar viajar a las mujeres a su cargo, decidir cuántos viajes pueden hacer y su duración y hasta recibir un aviso por SMS cuando una mujer muestre su pasaporte para intentar salir del país.

Tienen indudables ventajas, pero las nuevas tecnologías poseen también un lado oscuro. Son herramientas que conectan (y a un tiempo aíslan) y que acercan a personas separadas por miles de kilómetros y varios husos horarios que comparten gustos, intereses y aficiones.

Con un poco de pericia, se pueden ocultar esas conexiones, no sólo a los buscadores que nos bombardean con publicidad sino también a las fuerzas de seguridad que cada día tienen un poco más difícil perseguir ciertos delitos como el blanqueo de capitales, el crimen organizado, el narcotráfico, el tráfico de personas o, sobre todo, la pederastia y la pornografía infantil.

En el ámbito doméstico, nunca mejor dicho, estas nuevas tecnologías (teléfonos inteligentes con localizadores, por ejemplo) sirven para, de nuevo, tratar de vendernos cosas, hacer de espía para localizar bares que no pagan canon para retransmitir fútbol o para que un acosador o maltratador controle todos y cada uno de los movimientos, reales y virtuales, de su objeto (porque para un maltratador su víctima es eso, un objeto) de interés.

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Periodistas e internet: condenados a entenderse

[Publicado originalmente en ‘Cosas de Babel’]

Chapas WordPress

Cuando periodistas o empresarios de la comunicación participan, en representación de sus medios, en sitios como el WordPress Sevilla Meetup, el Evento Blog o cualquier foro que reúna a gente de internet en general, suelen extenderse sobre ideas como que su medio apuesta mucho por la Red, porque es el futuro, que dedican a su división de internet abundantes recursos técnicos, económicos y humanos, que les importa mucho la interacción con los lectores y usuarios porque son parte del medio y cosas por el estilo.

Es posible que eso sea cierto en los medios grandes. No lo sé, nunca he trabajado en uno, sólo en periódicos pequeños. Y en los periódicos pequeños esto no es exactamente así.

La relación que mantienen con internet es complicada. Hay problemas de adaptación desde el punto de vista del medio como empresa y de los periodistas como individuos. Tampoco es idílica la atención que prestan a los contenidos ni a su calidad. Y la relación con sus lectores es, cuanto menos, disfuncional.

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Un par de reflexiones sobre la prensa en internet

[Publicado originalmente en ‘Cosas de Babel’]

1. Cuando los periódicos decidieron que era buena idea colgar sus productos enteritos, gratis, en la Red, la cagaron. Los grandes estuvieron coqueteando un tiempo con fórmulas mixtas, otras sólo de pago y otras sólo gratuitas, hasta que al final se decidieron por el gratis total. Los pequeños, que siempre llegan tarde a todas las guerras, también llegaron tarde a esta, y apostaron por publicarlo todo, tal cual, de forma lo más parecida posible a la versión impresa.

2. Ahora, unos años después, algunos han empezado a cobrar por contenidos, caso de El Mundo y, en el apartado periódicos serios, The New York Times. Y los pequeños también quieren apuntarse a esa fiesta porque creen que así se acabarán sus problemas económicos. Pero no se plantean cambiar ni su forma de trabajar ni los contenidos que ofrecen a los lectores, sino simplemente empezar, un buen día, a cobrar por algo que hasta el día anterior era gratis.

Más sobre el tema: Periodistas e internet: condenados a entenderse

3. El mantra “la culpa es de internet” es el nuevo “la culpa es de los gratuitos”. Cuando aparecieron los diarios gratuitos (20 minutos, Metro, Qué, ADN…) los de pago les culparon sin dudarlo de que bajasen sus ventas. Ahora, el culpable es internet. “¿Para qué van a pagar por algo si pueden leerlo gratis?”, se preguntan ahora precisamente esos que tanta guerra han dado para que la versión on line de sus periódicos no sea más que eso, una versión on line de lo que venden en los quioscos.

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