‘El océano al final del camino’, de Neil Gaiman

[Publicado originalmente en Cosas de Babel]

“Se había echado a llorar, y yo me sentía incómodo. No sabía qué hacer cuando un adulto se echaba a llorar. Era algo que solo había visto en dos ocasiones: había visto llorar a mis abuelos cuando murió mi tía, en el hospital, y también había visto llorar a mi madre. Los adultos no deberían llorar. No tienen una madre que los consuele”.

Un estanque que es un océano, un océano que es sólo un estanque, y además cabe en un cubo… Un niño que vive una aventura extraordinaria, aterradora, improbable, de la que nada recuerda al crecer. Ni siquiera a esas tres mujeres que le salvaron la vida, tres mujeres que tal vez sean una sola, tan vieja como el mundo y tan improbable como todo lo demás.

El océano al final del camino es una novela corta o un relato largo, una historia deliciosa en su aparente sencillez que se inscribe en el universo onírico y fantástico al que tan afecto es Neil Gaiman pero en la que prescinde del armazón mitológico sobre el que se asientan novelas como American Gods o Los hijos de Anansi. No hay aquí dioses propiamente dichos, o al menos no dioses que conozcamos, pero sí hay criaturas fantásticas, poderosas y terribles, de esas que pueblan las pesadillas, especialmente las de los niños.

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